Mientras camino
Mientras camino en un sendero árido, con escasa vegetación, es decir, la típica población vegetal que se encuentra en los valles del Norte del país, tan conocida y desconocida, tan bella y notoria, aún siendo poca; me encontraba satisfecho con la espléndida vista, así como también con su extrema temperatura y su aire imparable y húmedo.
Cuando instintivamente di cuenta que no me encontraba solo; sino que estaba acompañado por mi familia, es decir, mi abuelo, mi madre y mis dos hermanos. Lo cual me hizo recordar lo que estaba haciendo con mis familiares. Una enorme recolecta de materia prima.
Esta recolección ya había comenzado tiempo atrás, con el propósito de edificar nuestros deseos con un particular objetivo, una casa prototipo es decir, futurista. La cual cubriera las necesidades básicas, confortables, estéticas y lo más importante la armonía entre naturaleza y las misma construcción, entre lo clásico y contemporáneo.
Es como si volviera a nacer en sólo ese instante de reflexión, ya que me apasiona la manera en que se iban acomodando las ideas y las circunstancias de la misma. Así que entre la contemplación y recolección, mi familia y yo nos disponíamos a buscar un lugar en la gran ciudad de México. Un lugar en el cual tuviese una amplia vista del inmenso valle y simultáneamente una tierra acorde para la siembra, el cultivo y la cosecha.
Entonces partimos de nuestra provinciana tierra hacia la metrópoli. Llegando a ella, nos encontramos con un innumerable tipo de problemas; pero, aún así, hallamos aquel sitio tan esperado, en la periferia del valle de México, centro del país. La constante esperanza de hacer realidad nuestros sueños; aunque todavía no se hallará lejos de poder encontrar a la gente interesada en el proyecto.
Nos quedamos en el lugar, y comenzó mi abuelo y mi madre a reconocer y limpiar el lugar donde dormiríamos por el resto de nuestras vidas. Cuando mis hermanos platicaban de temas que les interesaban y les enriquecían. Por mi parte quedaba sorprendido por una fuente colonial que se encontraba a un lado mío, que brotaba agua incesante y destellante por la luz de la luna que se reflejaba así misma. Por segunda reflexión propia entendí, ya que estaba seguro de nuestro porvenir. Acampamos, cenamos y de pronto mi madre nos levantaba con una sonrisa y una invitación a desayunar.
Posteriormente mi abuelo con sus conocimientos de arquitectura, planeaba como es que iba a comenzar esta tarea. Mientras que mi abuelo hacía sus cálculos y mediciones mis hermanos y yo partíamos del lugar para así ir a presentar algunos de los planos del abuelo a gente que estuviese interesada en el proyecto familiar. Y nos topamos con que no era tan sencillo como lo habíamos imaginado.
Por otro lado, mi madre reconocía una sección de tierra en donde se pudiese sembrar, cultivar y producir nuestro propio alimento. Tomando en cuenta que traíamos provisiones suficientes para subsistir, en lo que encontrábamos y observábamos los frutos de lo cultivado.
Las primeras semanas e incluso los primeros meses fueron bastantes complicados, pero también me percaté de la gran adaptabilidad que poseíamos, ya que paulatinamente nos acoplábamos al aplastante ritmo de vida en la propia ciudad.
Es así como algunas personalidades se sorprendieron y se conmovieron, dándonos una opinión y cierto apoyo a nuestro proyecto. Sin embargo, no fue tan fácil, ya que, por nuestra parte estábamos empeñados en construir los cimientos de la construcción misma, así como la culminación de una pequeña casa, y de esta manera vivir algunos meses en ella, como la sociedad citadina lo exigía. En un principio era limitada la ayuda, pero la había.
Así con la conjugación de esfuerzos tanto como de mi familia, como la gente que nos brindaba su gentil ayuda; se iban interesando poco a poco, así como iban formando parte de este majestuoso proyecto. Paulatinamente los inversionistas cedían ante el amor que había en la sabia idea de esta casa. Ofreciéndonos un aliento lumínico, y así, es como gradualmente se construiría lo que era lo que era la estructura ósea de nuestro sueño compartido.
Fue algo laborioso llegar hasta donde se había alcanzado, mejor dicho, el trabajo arduo en lo que se refiere a la construcción como tal, de aquella hogar tan ansiado y esperado. Sentía que todo iba marchando correctamente, debido a que mientras ellos se ocupaban de las cuestiones económicas que implica el construir, por nuestra parte cooperábamos con la mano de obra.
Finalmente, se podía visualizar la obra, llenándonos de plenitud y gozo, gracias al trabajo conjunto y equitativo de ambas partes, siendo un último descanso de parte nuestra lleno de armonía y amor.
