Lo que tengo que decirte
Cada vez que hablas me haces temblar, y sin vacilar salgo a escucharte, tratando de buscar un escape a mi sombría luz de Luna, que apenas rosa mi mano con su frío aliento, sugiriéndome un refugio en aquella voz que escucho a lo lejos, atrapado y perplejo en el inmenso cordón del Universo y el tiempo, no alcanzo a distinguir cual es mi pensamiento en aquel mar complejo, lleno de ideas descabelladas y confusas por el exceso de odio que detengo y que finalmente libero, durante la última fumada de esa fuga indeterminada; de ideas que no me dejan dormir ni sonreír, sino sobrevivir al hambriento humano que se aleja cada vez más de la lucha etérea y eterna por amar, pero que sin embargo y a pesar de todo se empeña y prefiere sumergirse en los razonamientos propios creyendo que se salvará de la caída en sus sueños. Momento en el que se abre la puerta de la esperanza, prometiendo unirnos y fundirnos entre el desierto que un día nos separó, y ahora nos acogió para mostrarnos que solo somos una gota en un diluvio estelar, esperando a que reflexionemos acerca de nuestro innecesario choque y segura comprensión espiritual.
