Inevitable reflexión
Solamente cuando uno cree que ha solucionado, mantenido y preservado la dirección hacia un sendero de tranquilidad, armonía, felicidad y gozo es justamente donde termina la verdadera significación de la presencia divina que rige y controla, con tal contundencia las diferentes vías de tránsito racional y espiritual. Revestidas de un egoísmo, odio y visceralidad. Ante un callejón lleno de trampas mentales que se aferran a desquebrajar los cimientos de una Luz que lo atraviesa todo, que lo ilumina y lo guía con simples destellos sónicos que se encuentran encapsulados en vibraciones enérgicas y que prometen traer una sintonía vertical con aquel sitio. Pero, sin embargo, hay una fuerza que impide que se desarrolle ésta mágica comunión, es decir, es una distorsión embellecida por la ilusión, por el degenere espontáneo de los signos vitales en tan pequeña constelación. Cautivados por el frío anochecer de las desvirtuadas carreteras del abismo y del velo que opaca el reflejo de una inmortalidad segura y valorada por un montón de almas sedientas del líquido ancestral que se encuentra entretejido en al macrocosmos de la vida cotidiana.
Introspecciones confusas, llenas de un aura azul, que toma lo que se encuentra a su alcance, dejándolo indefenso ante la corriente eléctrica de cada impulso animal. Y que para culminar llega a una cima fría, con mucha neblina que poco a poco se desvanece… una clara visión de tan excéntrica ciudad de postergaciones y desalientos.
Es cómo y porqué la humanidad vive ante la llegada del último eco del himno entonado por cada corazón, con miras a la sanación, purificación y salvación del misterio de existir...
