Hacia a donde
Engrandecidos corazones con tantos celos, desesperación, inadecuación y con tantos errores; conducen a los diversos corredores urbanos, llenos de reacciones angelicales y posturas demoniacas al batir de un solo ritmo. Infinita la música del tambor batiente.
Angustia y coraje tan parecidos y lejanos. Como el ácido y dulce sabor a pan de la mañana y el mediodía...
Tiempo que acorta y embellece la vida de quien se deja llevar.
Después de concentrar algunos esfuerzos por respirar a lo largo de este pequeño tramo de vida, logrando conocer, observar y tratar de entender lo que soy, lo que somos, lo que se ha construido y demolido.
Desesperado he transitado sin darme cuenta de lo que estaba junto a mí. Una cálida brisa que toca mi rostro y me invita a levantar mi alma con el Sol. Una entera sonrisa que me recuerda con quien estoy y hacia dónde voy.
Solo aquella ave, que con su dulce trinar entona lo que siempre anhele: PAZ
Sin embargo, creo que desconozco, muchos cantos de aquella ave, ya que me he empeñado a descifrarlas en vez de escucharlas y después asimilarlas.
Considero que la naturaleza de la música debe ser la Luz que he de seguir, por sus claros destellos que reflejan nuestro Espíritu, y me motivan a reunirme a cantar por un solo sueño.
