Espíritu Caminante

Fue una noche extraña

Fue una noche extraña, demasiada extraña. Me encontraba en una fiesta al filo de la media noche; y me preguntaba: ¿De quién era la celebración? Cuando repentinamente me sorprendí al ver que me encontraba con unos amigos, en una sala-comedor de la inmensa casa. Con una luz muy tenue, de color dorado, escuchando cómo mis amistades se quejaban y maldecían al anfitrión, mientras que mi estomago me pedía un refrigerio. Instintivamente me di vuelta y me percate de uno de mis conocidos tenía un emparedado en sus manos y que lo comía con tal desesperación que por un momento pensé:"En no decirle, si me regalaría una pequeña porción de aquel alimento". Pero fue más grande la necesidad de sentir por lo menos algo en mi crujiente estomago, que pedía una simple mordida. Se la di, pero casi paralelamente, mi amigo, me retiraba con rapidez sin hacer comentario alguno, como cuando un convicto protege lo mucho o lo poco que tiene.

Después de ese momento de poca importancia, escuché que un joven decía: ¡Oye Jim!, acaba de llegar una pieza o un accesorio de tú instrumento percusivo. En ese instante tomé un cigarrillo y uno de mis amigos llegó, y me persuade para salir de la casa e ir a un cajero automático más cercano; al mismo tiempo, Jim, decidió acompañarnos. Salimos de la casa, y nos dirigíamos hacia él. Encontramos uno que se distinguía de los demás, debido a que podías disponer de dinero a cualquier hora; mientras que mis amigos molestaban a la poca gente que había, por la hora que era. Me concentraba observando cómo es que se encontraba constituido el cajero. Era un cajero fuera de lo común, pues se hallaba en una impresionante pared de un risco desquebrajado, como cuando cortan los cerros para crear las tan transitadas autopistas. Era curioso, estaba incrustado, como una enorme placa. En la base, tenía la ranura donde se inserta comúnmente la tarjeta, con algunos botones diminutos y sin ninguna luz. Terminando esta observación, de nueva cuenta me asombré, ya que había otro amigo, de la infancia y, se me hacía muy raro poderlo encontrarlo en ese lugar. En ese instante, uno de mis amigos, Federico, no permitía pasar a una persona al cajero y firmemente le dije: "Déjalo pasar, puesto que lo conozco", no respondió, pero dejó pasar libremente a este señor tan familiar. Enseguida otro señor tan conocido; sentí una escalofriante intención de él, y me dijo: "deberían de respetar al señor". Inmediatamente lo interrumpí y le conteste: "Lo sé, lo conozco"; tratándole de hacerle ver que me era muy popular y que conocía de la anomalía que padecía, es decir, su ceguera. Repentinamente, este calmó su intención de recordar lo que es el hombre e inmediatamente me di vuelta y vi que ya no se encontraban mis dos acompañantes estábamos el señor que se había aproximado. Así que en ese momento no pronuncie ni una palabra, me quedé en un silencio profundo. De nueva cuenta hice un reconocimiento de lo existente a mí alrededor, pudiendo visualiza el cajero; a la izquierda, se encontraba un terreno baldío, o mejor dicho, un canal de agua bastante hondo. En realidad, no sabía exactamente de qué se trataba, ya que estaba muy obscuro; además tenía una reja vencida, como si la hubiesen forzado, al intentar huir de alguien. Al tiempo que pensé todo esto todo esto, le pregunté al señor: "¿Qué había provocado que la reja estuviese en esas condiciones?" y me respondió: "se debe a que hay muchos malvivientes que asaltan a quienes usan el cajero y que suelen escapar por ese escabroso lugar". Sin embargo, me comentó, que no me preocupará, puesto que seguido patrullaba la policía.

Por otro lado, comencé a ver a mi entorno, reconociendo el siguiente extremo del lugar, es decir, a la derecha. Justo al mismo costado del cajero, se alzaba un conjunto de montañas, de gran tamaño, que desembocaban en un camino descendente, pero muy lejano. Además podía alcanzar a ver a mi amigo de la infancia, a quien le llamaba la atención ese sendero y percibía que cada vez, se hallaba más distante. De pronto, di cuenta de que se había esfumado el ciego, no era relevante y me dispuse a disponer de efectivo de aquel cajero bizarro. Estaba en eso cuando al dar la vuelta hacia la izquierda, salió prácticamente de la nada un lobo enorme; de aspecto diabólico, musculoso e imponente, con unos colmillos muy agudos; así como también una mirada penetrante, quedándose inmóvil, gruñendo. Sentí pánico y desesperación incontrolable, así que quise escapar de ese lugar de tiniebla. Decidí ir hacia las montañas con exceso de vegetación y cuando me aproximaba a ellas, escuché un fuerte sonido, que se asemejaban alaridos de personas que se acercaban hacía mi, diciéndome que no debía bajar. Debido a su aspecto físico, me negué a descender, tenían golpes en todo su cuerpo. Y aunque no sabía porque estaban golpeados. Algo me hizo suponer que no debía hacerlo. Fue así que me encontraba en la disyuntiva, confundido e indefenso, porque estaba presenciando, cómo estas tres personas eran atacadas por el lobo; desmembrando cada parte de sus cuerpos. Azotados contra el suelo. Volvía a observar hacía mi derecha y de la vegetación salían siete hombres, o más bien infrahumanos. Poseídos por el demonio. Des aspecto aterrador y aberrante. Corrían con las cuatro extremidades, saliéndoles de de la sien, unos gigantescos cuernos, bufando como animales desquiciados. Quede pasmado, impresionado, en shock y por si fuera poco estático. Sentí miedo al intuir del daño que me podían causar estas abominables creaturas. Una de las bestias se acercó con más astucia y, llegó a estar a unos cinco metros de mi persona; sin voltear a verme, levantó los pseudo-brazos, mostrando sus filosas garras y casi simultáneamente lanzó un grito, que se escuchó en todo el valle, como se estuviera en contra de las otras seis bestias que había dejado atrás. A su vez el estruendoso sonido de dos balas, perforaban a la bestia; provocándole sangrantes boquetes, cayendo al suelo desfallecido. En ese momento, me pregunté donde se encontraba Christopher el amigo de la infancia. Luego observaba como una persona amorfa salía corriendo, seguido de una transformación en una de esas monstruosidades repugnantes, pero con la peculiar característica del habla, estos es, con lenguaje lleno de vibraciones guturales y palabras que me hicieron pensar, que se trataba del mismo Christopher, quien me daba aviso de que me alejara des ese punto en donde me encontraba. Envolviéndome en una situación crítica e insuperable... en ese momento preciso desperté...

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