El Señor es Tu Señor
Luz que ilumina, el ocaso de una muerte que tiene pleno sentido; burla que terminó en un reconocimiento pleno de la grandeza del que vino. No sólo nos lavó de todo pecado, de la más recóndita inmundicia. Él ha desentrañado el mismo misterio de la existencia y la permanente búsqueda hacia lo divino. Nos enseña día a día a vislumbrar lo que Dios nos ha ofrecido: La Vida.
Vencedor de la muerte. Demonio que no supo soportar tal Belleza y que sigue empeñado en la necedad de la temporalidad material y la degradación de la vida en sí. El reino de Aquél que se entrego así mismo, solamente es posible conocerlo a través del legado que nos dejó, de los preceptos renovados y que le dan mucha más fortaleza a la Escritura, a la Palabra Viva.
Misericordiosa ha sido su llegada y su partida, en Él y con Él estamos. Su prédica contiene, todos los aspectos más sabios que el hombre puede comprender. Es el momento de abrir nuestros corazones y aceptar esta realidad innegable, incuestionable. Sólo el que se preocupa de manera irracional de las cuestiones cotidianas, es incapaz de aceptar y vivir con esta Verdad, la Verdad de verdades. Luz de Luz, Dios de Dioses.
Porque, no solo eres fiel a quien te es fiel; eres amigo de todos los que más necesitan de Tú divina Presencia. El agua es el recuerdo de un nuevo nacimiento, la llegada del Señor. El Espíritu de Dios se manifiesta por medio de su Creación, ¿acaso hay semejanza en la Obra de su Pasión en la humanidad?
El que pretenda buscar la verdad en la vida, tendría que acercarse con humildad ante Dios. Muchos creen que el raciocinio es el único camino hacia la liberación, o que el obrar con caridad es suficiente; en realidad están equivocados; una depende de otra, pero si no se tiene cómo centro al Señor, Tú Dios, ¿De qué manera podemos comprender su Ministerio?, ¿De qué forma podemos entender nuestras vidas, sin Dios en medio?
Sólo Tú que pusiste la mejor de las virtudes en alto, nos puedes guiar en las tribulaciones de la vida fuera de toda banalidad. Donde la mente apenas empieza a entender lo que ha sido, es y será el Amor que nos has entregado con Tú preciosa sangre y Tú cuerpo, centro de la Eucaristía de la liberación y salvación.
