Ante ti
Me encontraba sin rumbo, perdido en el desamor del ayer. Decepcionado por la frustración del amor. Pero llegaste a mi vida como la brisa que refresca el jardín de verano, suave y gentil. Me tomaste de la mano, para caminar por un sendero que siempre anhele, lleno de paz y felicidad. Tú sinceridad y nobleza me recordó la belleza de una mujer que se encontraba en sintonía con nuestro Señor. Me enseñaste a confiar, amar y comprender, lo que me permitió hallar la respuesta a mi petición en oración. Gracias a ti, pude comprender la gran necesidad del ser humano por amar y donarse a sí mismo para una victoria plena del cariño ofrecido. La cúspide de la existencia es el afecto que se tiene cuando hay de por medio sentimientos y pensamientos libres de egoísmo e indiferencia.
